LA FERIA DEL LEVIATÁN CHIQUITO" — Gudelia y el baile que terminó en zafarranch
- Redaccion peligrosa

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MATACHINES DEL PODER: "
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Buenas noches, respetable público, y agárrense de las láminas —esas mismas donde el pueblo terminó haciendo del uno y del dos— porque hoy los Matachines del poder traen una historia digna de portada roja, de esas que huelen a cerveza tibia, a moretón fresco y a dinero que nadie encuentra.
Resulta que la presidenta municipal, la mismísima Gudelia, cansada de que en cada esquina no la bajen de ratera —palabras del pueblo, no mías, yo nomás reporto—, decidió regalarle a su gente un baile de feria "totalmente gratuito". Gratuito, dijo. Y uno se pregunta: ¿gratuito con qué dinero, doña? Porque según las cuentas que nadie ha visto en dos años, hay millones de pesos jugando a las escondidillas en el presupuesto municipal, y ella, muy digna, se pasea en entrevistas a modo, con medios acomodados, maquillando el desastre financiero como quinceañera antes de la foto.
Pero vamos a los hechos, con datos, como debe ser. Diez mil almas entraron al baile de Tierra Sagrada y los Alameños. ¿Y cuántos guardianes del orden? Veinticinco, treinta policías siendo generosos, más una seguridad privada de diez elementos que no podían ni con un borracho, mucho menos con mil. Ahí, señoras y señores, se rompió el pacto: el ciudadano entrega su obediencia a cambio de protección, y cuando el soberano no protege, el pueblo regresa a su estado más salvaje. Y vaya que regresó: pelea cada dos minutos, golpeados toda la noche, mujeres agredidas, niños viendo cómo tundían a sus papás. La guerra de todos contra todos, pero con banda en vivo.
¿Y el alcohol? Prohibido en la puerta, claro. Pero las vallas estaban tan mal puestas que las caguamas entraban por abajo como contrabando de feria. Eso sí, ¡oh casualidad!, la barra oficial era de la propia presidenta, según señalan los asistentes, vendiendo a precios de antro de la Condesa. Por eso la gente mejor iba a su casa, se recargaba y regresaba: golpe va, golpe viene. Negocio redondo: el monstruo que debía cuidar al rebaño, esquilándolo.
Y la cereza del pastel VIP: un solo baño para toda la zona exclusiva, y unos sanitarios más caros que una comida corrida. Las mujeres, indignamente, terminaron haciendo sus necesidades junto a las láminas. Ese fue el nivel del evento: ni cultura, ni protocolo, ni dignidad.
A las doce de la noche, la policía municipal —que ni quince eran— se esfumó como el presupuesto, y la seguridad privada, dicen los testigos, terminó repartiendo golpes a los pobladores. Y en la San Poblada, lo mismo: encierros en la calle sin Protección Civil, sin reglamento taurino, sin nada. Y al cierre de esta edición, todavía hay coches robados que no aparecen.
La feria rebasó a Gudelia. El pueblo puso los golpes, los moretones y los orines; ella, según cuentan, se quedó con la barra. Cuando el que manda solo engorda y no protege, el contrato está roto, y un contrato roto, tarde o temprano, se cobra.
Informó Chema Méndez, para Objetivo AM 1370 y Peligrosa Radio 1370 AM.


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