El examen que reprobó el gobierno
Los Matachines del Poder 🎭 |
Hay temporadas en las que uno quisiera creer que el gobierno está organizado… hasta que llega el regreso a clases y descubrimos que, en Tlaxcala, hasta para estudiar hay que pasar por caja.
Primero fueron los uniformes gratuitos.
Y ahora aparecen los exámenes médicos.
Nadie está atacando a los laboratorios. Ellos hacen su trabajo y cobran por sus servicios. El problema es otro: que una exigencia escolar termine convirtiéndose en un golpe directo al bolsillo de los padres.
Porque estamos hablando de estudios que, según las denuncias recibidas, pueden costar 500 pesos o más.
¡Quinientos pesos!
Para una familia con dos o tres hijos, eso deja de ser un simple examen médico y se convierte en una tragedia financiera con bata blanca.
Y aquí viene la pregunta incómoda:
¿Quién está cuidando a los padres de familia?
Porque la gobernadora Lorena Cuéllar puede decir que no habrá más impuestos, pero alguien debería explicarle que para una familia el impuesto no siempre llega con recibo oficial.
A veces llega disfrazado de requisito.
A veces llega en una hoja.
A veces llega con 48 horas de plazo.
Y a veces llega con la frase más peligrosa del regreso a clases:
“Lo necesita para la escuela”.
¡Ah, caray!
El niño lleva mochila, cuadernos, zapatos, útiles… y ahora también la cartera de papá y mamá en terapia intensiva.
Mientras tanto, seguimos esperando que el asunto de los uniformes gratuitos deje de ser una promesa que rebota de oficina en oficina.
Porque gobernar no es solamente anunciar apoyos.
Gobernar también significa preguntarse cuánto le va a costar una decisión a una familia.
Y si el gobierno sabía que miles de estudiantes regresarían a clases, alguien debió preguntarse:
¿Cuánto va a pagar cada padre?
Porque la realidad no se maquilla con boletines.
La realidad está en la papelería.
En la tienda de uniformes.
En el consultorio.
En el laboratorio.
Y ahora también en la calculadora del teléfono.
Porque para una familia que apenas llega a fin de mes, 500 pesos no son monedas.
Son comida.
Son transporte.
Son útiles.
Son zapatos.
Es dinero que ya tenía destino.
Y aquí viene la parte sabrosa.
Cuando el gobierno presume que no habrá nuevos impuestos, uno esperaría también sensibilidad para evitar que alrededor de la educación pública aparezcan gastos que las familias simplemente no pueden absorber.
La pregunta ya no es solamente cuánto cuesta estudiar.
La pregunta es:
¿Cuánto cuesta cumplir con todos los requisitos para poder estudiar?
Y ahí aparece el verdadero examen.
No el médico.
El examen político.
Ese sí lo tienen que presentar quienes gobiernan.
Porque mientras unos padres hacen cuentas para pagar estudios médicos, otros siguen preguntando por los uniformes que deberían representar un apoyo para la economía familiar.
Gobernar no es inaugurar.
No es cortar listones.
No es aparecer en fotografías.
Gobernar también es anticiparse al golpe que recibe el ciudadano.
Y aquí tenemos una contradicción que merece explicaciones.
Por un lado, se habla de cuidar la economía de las familias.
Por otro, los padres denuncian nuevos gastos alrededor del regreso a clases.
Y antes de que alguien salga corriendo a decir que estamos atacando a los laboratorios: no.
El problema no es que un laboratorio cobre.
El problema es saber:
¿Quién determinó que ese estudio era necesario?
¿Quién lo solicitó?
¿Bajo qué fundamento?
¿Existe una alternativa pública?
¿Puede condicionarse algún trámite escolar a realizarlo?
Ahí están las preguntas.
Si el requisito es legítimo, que lo expliquen.
Si existe fundamento, que lo enseñen.
Si existen alternativas gratuitas o de bajo costo, que las informen.
Y si alguien está haciendo negocio con la necesidad de los padres, que también se investigue.
Porque cuando algo sale bien, todos quieren aparecer en la fotografía.
Pero cuando la gente reclama…
de pronto nadie sabe quién fue.
El uniforme: nadie sabe.
El examen: nadie sabe.
El costo: nadie sabe.
La instrucción: nadie sabe.
¡Caramba!
En Tlaxcala parece que hasta las responsabilidades tienen pase de lista…
y siempre falta el responsable.
Pero los padres sí saben quién paga.
Ellos.
Ellos hacen las filas.
Ellos compran los útiles.
Ellos buscan el certificado.
Ellos resuelven los uniformes.
Ellos pagan el examen.
Y cuando ya no alcanza…
también ellos cargan con la preocupación.
Por eso, gobernadora Lorena Cuéllar, el reclamo no es contra los laboratorios.
El reclamo es por la falta de sensibilidad.
Porque quien gobierna tiene que mirar hacia donde están las familias que cuentan cada peso.
Una familia no puede decirle al recibo de la luz:
“Espérese tantito, primero tengo que pagar el examen médico”.
Y ese es precisamente el examen que debería aprobar el gobierno:
el examen de realidad.
Porque cuando la política pierde contacto con el bolsillo de la gente, comienza el espectáculo.
Y cuando comienza el espectáculo…
aparecen Los Matachines del Poder. 🎭
Aquí nadie está diciendo que los laboratorios sean los villanos.
El verdadero cuestionamiento es:
¿Quién decidió que el padre de familia tenía que pagar?
¿Quién lo ordenó?
¿Quién lo autorizó?
¿Dónde está el fundamento?
Y mientras llegan las respuestas, los padres seguirán haciendo cuentas.
Porque hay exámenes que se hacen en el laboratorio…
y hay otros que se hacen en las urnas.
Y esos últimos siempre tardan un poco más en entregar resultados.
🎭 Los Matachines del Poder.
Aquí no venimos a repartir diplomas.
Venimos a preguntar quién reprobó.
Y esta vez, el examen no lo presentaron los niños.
Lo presentó el gobierno.
Informó Chema Méndez para Objetivo AM, 1370 y La Peligrosa Radio 1370.




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