SE LA DEJARON IR… Y NI LAS MANOS METIERON 🚨🤡🍌ATAH QUEDÓ ABIERTA, SIN CONCESIÓN Y CON CARA DE “¿A QUÉ HORA FUE?”LA GOBER LOS APAPACHÓ, LOS SENTÓ… Y JERÓNIMO ARMANDO BÁEZ TORRES LES DEJÓ EL PAQUETE
- Redaccion peligrosa

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LOS MATACHINES DEL PODERColumna negra | Chema Méndez
Señoras y señores, hoy hay función estelar en el circo político de Tlaxcala. Sin carpa, sin red y con payasos de traje fino que se quedaron sin boleto. El Consejo de Administración de ATAH acaba de aprender —a golpes— que la confianza ciega también descarrila. Perdieron la concesión como se pierde un dulce en el parque: un adulto se la quita al niño, sin avisar, sin pedir permiso y con una sonrisita incluida. No fue magia. Fue política pura. Fría. Calculada. Y con dedicatoria.
Durante meses hubo cafés tibios, risas falsas y halagos de oficina. Abrazos institucionales, fotos para el recuerdo y promesas al aire. Mientras el Consejo se sentía querido, la gobernadora ya estaba escribiendo el final del cuento. Los paseó bonito. Los apapachó. Los hizo sentir importantes. Y cuando bajaron la guardia… ¡zas!, decreto, firma y golpe final. Política básica: nunca te confíes cuando el poder sonríe demasiado.
El Consejo de Administración no la vio venir. No la olió. No la sospechó. Vivían en su burbuja de monopolio, creyendo que eran intocables. Pensaron que por ser los únicos, nadie se atrevería a tocarlos. Error de primaria política. La ruta Tlaxcala–Apizaco no es cualquier callejón: es la joya de la corona, el corredor más rentable del estado. Y cuando el Estado decidió abrirla, no pidió permiso. Publicó, firmó y ejecutó. Así, sin anestesia.
Pero seamos claros: ATAH ya se la debía al gobierno y a la sociedad. Años de irregularidades, camiones que ya eran chatarra con volante, choferes sin licencias, placas perdidas en el limbo, huelgas constantes por malos tratos y peores pagos. Un monopolio cómodo que creyó que los amparos mal hechos eran escudos eternos. Spoiler: no lo fueron.
El desastre legal fue de risa amarga. Un amparo improcedente, fuera de tiempo, sin daño jurídico, sin argumentos sólidos. La joya de la defensa fue gritar “persecución política”. Pólvora mojada. El juzgado lo leyó como mal guion y lo mandó directo al archivo muerto. Resultado: sobreseimiento. Y el Consejo con cara de “no era penal”.
Y aquí aparece el verdadero elefante en la habitación, el nombre que pesa como yunque: Jerónimo Armando Báez Torres. Sí, Jerónimo Armando Báez Torres. Dígalo despacio. Repítalo. Porque ese nombre lleva años arrastrando señalamientos, investigaciones, transferencias millonarias, fortunas que no cuadran con ingresos públicos y un aroma persistente a lavado de dinero. Ese mismo Jerónimo Armando Báez Torres que el Consejo cargaba como ancla, creyendo que no pasaría nada, porque “somos intocables”.
Intocables… hasta que dejaron de serlo.
¿Quién iba a salir a defender a un Consejo marcado por personajes como Jerónimo Armando Báez Torres? Nadie. Por eso la gobernadora solo dio el golpe final. El edificio ya estaba cuarteado. Ella solo empujó la puerta.
Prometieron modernizar: vidrios, geolocalización, vigilancia, protección a mujeres y grupos vulnerables, tecnología de supervisión. Cartas de buenas intenciones que nunca se tradujeron en un servicio digno. El estudio de factibilidad solo confirmó lo evidente: tres décadas de irregularidad. Fin del cuento.
Hoy la realidad cambió. Tres nuevas empresas entran al tablero. Más opciones, mejores unidades, competencia real. Se acabó el monopolio, se acabó la comodidad, se acabó el “nadie nos toca”. El Consejo de Administración se quedó viendo cómo las risas de ayer solo fueron distracción mientras les quitaban el dulce.
Moraleja amarillista, pero efectiva: cuando te rodeas de personajes como Jerónimo Armando Báez Torres, cuando administras mal y cuando crees que el poder te pertenece, el golpe no avisa. Solo llega. Y duele más cuando te agarra sonriendo para la foto.



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