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¡Sabinazo, Noroñazo y el boletinazo del ridículo!

MATACHINES DEL PODER

¡Sabinazo, Noroñazo y el boletinazo del ridículo!

Dicen que las desgracias nunca llegan solas, pero en Palacio de Gobierno ya parecen promoción de tres por uno.

Apenas estaban recogiendo los pedazos del papelón que dejó el episodio con Noroña cuando llegó otro fregadazo mediático. Y lo peor no vino de la oposición, ni de un enemigo político, ni de un periodista conservador. No señor. El buscapiés llegó desde la propia mesa de los cuates del régimen.

Y ahí aparece Sabina Berman.

La periodista consentida de la 4T soltó un reportaje que prácticamente retrató a Tlaxcala como si fuera la capital internacional del horror, la tierra donde los padrotes hacen negocio, donde las víctimas siguen apareciendo y donde las autoridades parecen más ocupadas en negar problemas que en resolverlos.

¡Santo Dios!

Y mientras medio México comentaba el reportaje, la gobernadora desapareció más rápido que funcionario cuando llegan los auditores.

Nada.

Ni una conferencia.

Ni una entrevista.

Ni un video.

Ni una declaración.

Ni siquiera un coraje bien actuado.

Absolutamente nada.

Parecía que alguien había apretado el botón de silencio en Palacio.

Y mientras la gobernadora practicaba el antiguo arte de hacerse invisible, apareció el héroe de utilería de esta tragicomedia: el famoso Paty Payaso de la comunicación gubernamental.

Llegó cargando un comunicado kilométrico.

Un comunicado tan largo que si lo imprimen completo alcanza para envolver los tamales de toda la feria.

Un comunicado tan aburrido que sirve mejor como remedio contra el insomnio.

Un comunicado que decía muchas cosas pero no respondía la pregunta principal.

Porque mientras la gente preguntaba:

—¿Es cierto o no es cierto?

—¿Qué está pasando?

—¿Qué van a hacer?

El gobierno respondía:

—Tenemos oficinas.

—Tenemos programas.

—Tenemos campañas.

—Tenemos sellos.

—Tenemos membretes.

—Tenemos folletos.

Y casi les faltó agregar que también tienen engrapadoras nuevas.

El problema es que nadie estaba preguntando por las engrapadoras.

Lo más divertido de todo es que la oposición ni siquiera tuvo que hacer nada.

Se quedaron sentados viendo cómo el espectáculo se desarrollaba solo.

Porque cuando una periodista cercana al propio régimen te pone una arrastrada mediática de ese tamaño, ni los adversarios necesitan trabajar.

La historia se escribe sola.

Y así, en menos de una semana, Palacio acumuló dos joyitas para la colección.

El Noroñazo.

El Sabinazo.

Y para rematar, el Boletinazo.

Tres golpes consecutivos que dejaron a más de uno preguntándose quién está operando la estrategia de comunicación.

Porque si el objetivo era apagar el incendio, terminaron aventándole gasolina premium.

En los cafés políticos ya dicen que la gobernadora no gobierna crisis, las colecciona.

Y cada vez que aparece una nueva, los voceros salen corriendo con otro comunicado lleno de letras, cifras, sellos y promesas, mientras la opinión pública sigue preguntando exactamente lo mismo.

Lo verdaderamente preocupante es que el escándalo ya rebasó las fronteras del estado.

Pero lo verdaderamente cómico es que, frente a semejante tormenta, la respuesta oficial pareció una tarea hecha a medianoche en cartulina reciclada.

Y así termina otro capítulo de esta telenovela política.

Una protagonista desaparecida.

Un vocero repartiendo papeles.

Una periodista del régimen aventando bombazos.

Y un gobierno que sigue actuando como si taparse los ojos fuera una estrategia de comunicación.

Porque en Tlaxcala ya quedó claro que los problemas podrán ser enormes, pero el deporte favorito del poder sigue siendo hacerse como que aquí no pasa nada.

Informó Chema Méndez para Objetivo A.M. 1370 y Peligrosa Radio 1370 A.M.


 
 
 

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