Noroña llegó a Tlaxcala y, lejos de lanzar flores al gobierno estatal, terminó enviando un mensaje directo
- Redaccion peligrosa

- hace 14 horas
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MATACHINES DEL PODER
Ayer Tlaxcala fue escenario de una de esas funciones políticas que parecen lucha libre de domingo: por un lado el equipo de la gobernadora Lorena Cuéllar organizando una marcha bajo el discurso de la soberanía nacional; por el otro, Ana Lilia Rivera presentando su informe legislativo rodeada de operadores políticos, senadores e invitados nacionales.
Y aunque ambos eventos intentaron demostrar músculo político, la verdadera nota del día no fue quién llevó más gente. La verdadera nota fue que Morena volvió a exhibir públicamente sus fracturas internas.
Porque mientras desde Palacio intentaban vender una demostración de fuerza, miles de ojos estaban puestos en otro lado. El aparato gubernamental completo se movilizó para respaldar la convocatoria oficial. Funcionarios, operadores, estructuras, vehículos y toda la maquinaria que suele activarse cuando el gobierno quiere llenar una plaza.
Y aun así, la conversación política terminó concentrándose en el evento de Ana Lilia Rivera.
Lo más delicado para la gobernadora no fue la competencia interna. Lo verdaderamente preocupante fue el regaño público que recibió de quien se suponía era uno de los invitados estelares.
Gerardo Fernández Noroña, personaje conocido por su estilo explosivo, polémico, confrontativo, escandaloso y provocador, terminó convirtiéndose en el protagonista involuntario de la jornada.
. Cuestionó que se realizara una marcha prácticamente al mismo tiempo que el informe de una compañera de partido. Habló de unidad. Habló de apertura. Habló de no cerrarle el paso a nadie dentro de Morena.
Traducido al español político: les jaló las orejas frente a todos.
Y eso duele.
Porque una cosa es que la oposición critique al gobierno. Otra muy distinta es que una figura nacional de Morena venga a tu propio estado, frente a tu propia gente, y te exhiba públicamente.
Como dirían los viejos luchadores: te fueron a pintar la cara en tu propia arena.
El golpe fue todavía más fuerte porque dejó al descubierto algo que ya muchos comentan en los pasillos políticos: la guerra sucesoria está completamente adelantada.
Mientras Lorena Cuéllar intenta mantener el control del movimiento, Ana Lilia Rivera demuestra que tiene estructura propia, aliados nacionales y capacidad de convocatoria sin depender directamente del gobierno estatal.
Y eso preocupa.
Porque cuando las encuestas comienzan a moverse, las lealtades cambian más rápido que los discursos.
Por si fuera poco, después de la jornada comenzaron a circular fotografías difundidas por operadores políticos intentando mostrar una movilización monumental. Sin embargo, usuarios en redes sociales cuestionaron la autenticidad de algunas imágenes y señalaron posibles alteraciones digitales para exagerar la asistencia.
La tecnología ha cambiado las reglas del juego. Hoy cualquier fotografía puede ser revisada cuadro por cuadro. Ya no basta presumir una multitud; ahora también hay que convencer a la gente de que la multitud realmente estuvo ahí.
Y mientras unos intentaban inflar fotografías, otros presumían la presencia de senadores, liderazgos nacionales y operadores cercanos al poder federal.
Al final del día la pregunta sigue siendo la misma:
¿Quién salió fortalecido?
Porque cuando termina el espectáculo, cuando se guardan las banderas y se apagan los micrófonos, lo único que queda es la percepción.
Y la percepción que quedó ayer es que Morena en Tlaxcala está más dividido de lo que sus dirigentes quieren reconocer.
La lucha apenas comienza.
Y lo peor para algunos es que el primer round ya no lo están ganando.
Informó Chema Méndez para Objetivo AM 1370 y Peligrosa Radio 1370 AM.



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