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Mientras Preguntan por el Espionaje, el Payaso Sigue con su Rutina En Tlaxcala


estamos presenciando una maravilla de la política moderna. El gobierno presume la compra de un software capaz de acceder a cámaras y micrófonos de celulares, la gente pregunta para qué sirve, cuánto costó y quién vigila a los vigilantes... y la respuesta termina siendo una pelea por quién filtró los documentos. Es como sorprender a alguien con las manos en la caja fuerte y que la discusión termine en quién encontró la llave. Y en medio de todo aparece el personaje de siempre, el payaso que la hacer de maestro de ceremonias del régimen, el encargado de los monólogos circulares, ese que diario sale a escena convencido de que está protagonizando una de comedia y no una conferencia de información pública.

Porque hay que decirlo: mientras los ciudadanos esperan respuestas, él parece más preocupado por dar cátedra, repartir regaños y explicarles a los periodistas lo que supuestamente debemos pensar. Habla con ese tono de payaso frustrado desesperado frente a un grupo de niños, como si las preguntas fueran una molestia y no una obligación democrática. Uno esperaría que el payaso de la vocería explicara por qué se gasta dinero público en herramientas de vigilancia, cuáles son los controles legales, quién autoriza su uso y qué garantías existen para proteger la privacidad de los ciudadanos. Pero no. Lo que vemos es un interminable espectáculo de evasivas, tecnicismos y sermones. Porque para algunos funcionarios el problema nunca es el fondo del asunto. El problema siempre es quién preguntó, quién publicó, quién filtró o quién se atrevió a dudar.

Lo más curioso es que cada intento por minimizar la polémica termina alimentándola más. Entre más explican, menos claro queda todo. Entre más atacan a los críticos, más crecen las sospechas. Entre más se esfuerzan por parecer dueños de la verdad absoluta, más terminan pareciendo administradores de una mala puesta en escena. Y mientras el payaso de la voceria convierte las conferencias en capítulos de un show donde él mismo se asigna el papel principal, los ciudadanos siguen esperando respuestas simples: ¿por qué se compró el software?, ¿cuánto costó realmente?, ¿quién lo opera?, ¿quién lo supervisa?, ¿y cómo garantizan que nadie abuse de él? Porque la función puede durar horas, los monólogos pueden multiplicarse y los aplausos oficiales pueden sonar muy fuerte dentro del escenario. Pero afuera, donde vive la gente, las preguntas siguen sin respuesta.

Y cuando un gobierno dedica más energía a defender su narrativa que a aclarar sus decisiones, deja de parecer una conferencia informativa y comienza a parecer una carpa donde el payaso se enoja porque el público ya no se ríe de los mismos chistes. informo chema mendez para objetivo am 1370 Y PEligrosa radio 1370 am

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