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¿ESTA ERA LA CORRIDA DE LAS LUCES O LA OFRENDA QUE NO MERECÍA LA VIRGEN?

🐂🔥 ¡NO MAMEN!

Los Matachines del Poder 🎭🕴️Por Chema Méndez

Hoy vamos a hablar de una cosa que en Huamantla debería preocuparnos mucho más que una mala faena.

Porque una cosa es organizar una corrida de toros…

y otra muy distinta es anunciar La Corrida de las Luces, una noche que forma parte de la tradición de Huamantla y que está profundamente ligada a la celebración de la Virgen de la Caridad, para terminar ofreciendo un espectáculo que, desde nuestra perspectiva, quedó muy lejos de lo que merecía esta ciudad.

Y aquí va la pregunta que puede incomodar:

¿De verdad esto era lo que queríamos ofrecerle a la Virgen?

Porque la Virgen de la Caridad no es un simple elemento decorativo de la feria.

Es parte de la identidad de Huamantla.

Es tradición.

Es historia.

Es fe.

Y precisamente por eso, cuando se organiza un espectáculo en el contexto de sus celebraciones, uno esperaría que estuviera a la altura.

No podemos hablar de una noche especial, de una corrida emblemática, de una celebración dedicada a la Virgen y después presentar un cartel que termina dejando la sensación de ser de relleno.

¡Pues no!

Hasta uno termina preguntándose:

¿Y para esto tanto ruido?

Porque Huamantla merece respeto.

Y la afición también.

Vamos por partes.

Primero, Uriel.

Hay toreros que salen al ruedo con hambre de triunfo.

Se nota desde el primer capotazo.

Se nota en la mirada.

Se nota en la manera de enfrentarse al toro.

Pero lo que vimos con Uriel, desde nuestra lectura, fue una actuación repetitiva, predecible y con muy poca capacidad para levantar realmente a la plaza.

Una película que ya hemos visto.

Una faena que parece seguir el mismo guion de siempre.

Y en una noche como esta, eso simplemente no alcanza.

Hubo avisos.

Hubo palmas.

Hubo reconocimientos.

Pero las palmas no necesariamente significan que el público quedó satisfecho.

Y cuando llegó su último toro, el silencio de la plaza fue bastante más contundente que cualquier aplauso.

Porque el público de Huamantla sabe de toros.

No necesita que alguien venga a explicarle si hubo emoción o si faltó.

Lo ve.

Lo siente.

Y lo juzga.

Segundo: Héctor Gutiérrez.

Aquí tenemos que hablar de esa oreja.

Una oreja puede estar en las estadísticas, puede aparecer en los titulares y puede utilizarse para vender una actuación como triunfo.

Pero una oreja no convierte automáticamente una faena en memorable.

Y haber toreado en España tampoco convierte a nadie, por decreto, en una figura.

Mucho menos una competencia ganada significa que el trabajo ya está terminado.

El toro de esta noche no sabe de currículums.

El toro no sabe de publicidad.

El toro no sabe de entrevistas.

El toro exige respuestas.

Y su segundo toro dejó, desde nuestra perspectiva, demasiadas dudas.

Faltaron recursos.

Faltó contundencia.

Faltó esa personalidad que uno espera de un torero anunciado en una noche de esta importancia.

Porque si vas a torear en Huamantla en una noche dedicada a la Virgen de la Caridad, no basta con llegar con antecedentes.

Hay que llegar con hambre.

Con técnica.

Con cabeza.

Con personalidad.

Y, sobre todo, con ganas de demostrar por qué mereces estar ahí.

Porque el papel aguanta todo.

El toro no.

Y llegamos a Diego San Román.

Aquí aparece la palabra incómoda:

Relleno.

Porque, sinceramente, uno se pregunta qué fue lo que justificó su inclusión en un cartel que pretendía ser uno de los grandes acontecimientos de la feria.

No vimos esa faena que haga levantarse a toda la plaza.

No vimos ese momento que al día siguiente todo Huamantla esté comentando.

No vimos ese golpe de autoridad que justifique decir:

“Valió la pena venir.”

Y cuidado.

Esto no significa faltarle al respeto al torero.

Significa cuestionar a quienes armaron el cartel.

Porque el problema no son únicamente los toreros.

El problema es quién decidió que esto era suficiente para Huamantla.

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Porque aquí seguimos preguntando lo que otros prefieren callar.

Y regresamos a Los Matachines del Poder.

Porque esto no se trata solamente de tres toreros.

Aquí hablamos de empresarios.

De organizadores.

De quienes diseñan los carteles.

De quienes ponen los precios.

Y de quienes venden la promesa de una gran noche.

Pero también hablamos del público.

De la familia que compra sus boletos.

Del aficionado que hace un esfuerzo para entrar.

Del visitante que llega esperando vivir una experiencia inolvidable.

Y por eso la pregunta es muy sencilla:

¿Por qué conformarnos con menos?

Si esta es la Corrida de las Luces…

Si esta es una de las noches más importantes de la feria…

Si estamos hablando de una tradición relacionada con la Virgen de la Caridad…

Entonces hay que preguntarnos:

¿Dónde quedó la grandeza?

Porque no podemos convertir una tradición en un simple producto.

No podemos pensar que, porque existe devoción, el público tiene que aceptar cualquier cosa.

Y tampoco podemos utilizar el nombre de la Virgen para blindarnos de la crítica.

Al contrario.

Si hablamos de la Virgen, tenemos que ser todavía más exigentes.

Porque una ofrenda no se mide solamente por cuánto dinero cuesta.

Se mide por el respeto que representa.

Y una corrida no se mide solamente por las orejas.

Se mide por la emoción que deja.

Por la memoria.

Por el espectáculo.

Por ese momento que hace que el aficionado salga de la plaza diciendo:

“Valió cada peso.”

Y esta vez, desde nuestra perspectiva, demasiada gente salió preguntándose justamente lo contrario.

Por eso desde Los Matachines del Poder lo decimos claro:

Huamantla no necesita espejitos.

No necesita carteles inflados.

No necesita publicidad para hacernos creer que vimos una gran corrida.

Necesita resultados.

Necesita calidad.

Necesita respeto.

Y necesita una feria a la altura de su historia.

Porque aquí hay algo que no debemos olvidar:

La Virgen de la Caridad merece una ofrenda digna.

Huamantla merece una corrida digna.

Y la afición merece que se le respete.

Porque cuando se apagan las luces, cuando termina la música y cuando desaparece la publicidad…

queda una sola cosa:

el ruedo.

Y el ruedo es el que dice la verdad.

Y esta vez, señoras y señores, el ruedo dejó demasiadas preguntas.

¿Quién armó este cartel?

¿Quién decidió que era suficiente?

¿Quién está escuchando a la afición?

Porque Huamantla no es cualquier plaza.

Y la Virgen de la Caridad tampoco merece cualquier espectáculo.

Así que aquí queda nuestro reclamo:

Si van a hablar de la Virgen, háganlo con respeto.

Si van a hablar de tradición, respétenla.

Si van a cobrar como espectáculo de primera, entreguen un espectáculo de primera.

Y si van a anunciar la Corrida de las Luces…

que haya luces de verdad en el ruedo, no solamente en la publicidad.

Soy Chema Méndez.

Esto fue Los Matachines del Poder.

Aquí no repartimos orejas.

Repartimos preguntas.

Y hoy la pregunta es muy sencilla:

¿De verdad esto era lo mejor que Huamantla podía ofrecerle a la Virgen de la Caridad?

🎭🐂 Porque la Virgen merece una ofrenda de primera.

Huamantla merece una feria de primera.

Y su afición…

también merece respeto.

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