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EL PORRISTA DEL PALACIO: MARTÍNEZ Y SU SHOW PAGADO POR TODOS

EL PORRISTA DEL PALACIO: MARTÍNEZ Y SU SHOW PAGADO POR TODOS¡Ábranse, matachines, que ahí les va el trancazo de hoy!Resulta que en Tlaxcala el vocero del gobierno estatal, Antonio Martínez, Coordinador General de Comunicación Social —puro título largo para tan corta memoria constitucional— decidió que la conferencia oficial del gobierno, esa que se paga con el dinero de usted, de su comadre y del tamalero de la esquina, era la tribuna perfecta para hacer talacha partidista.Vamos por partes, como dice el forense.Primero, el hecho. Durante una conferencia oficial del Gobierno del Estado, organizada con recursos públicos y transmitida por canales institucionales, el señor vocero dejó de informar sobre obras, programas o acciones de gobierno. En lugar de eso, se dedicó varios minutos a calificar a un partido opositor, descalificar a sus dirigentes, cuestionar su historia y minimizar su presencia electoral, mientras exaltaba las virtudes del partido gobernante. Del suyo, por cierto. Así lo documentó esta semana el analista Juan Manuel Cambrón Soria, y así quedó registrado en la propia transmisión oficial, a la vista de cualquiera que quiera revisarla.Segundo, la regla. La Constitución tiene un artículo, el 134, que lo dice sin rodeos: los recursos públicos se administran con imparcialidad y jamás se usan para influir en la competencia entre partidos. No es un consejo de abuelita ni una recomendación ética: es obligación constitucional. Y no nació de la nada. Nació después de décadas en las que gobierno, partido oficial y Estado eran la misma cosa, y la oposición competía contra toda la maquinaria pública. La transición democrática se peleó precisamente para romper esa confusión. Que hoy un funcionario la resucite en vivo y a todo color no es un desliz: es una regresión.Tercero, el fondo. Porque aquí no se trata de piel sensible, matachines. En política, la crítica es indispensable; el que no aguante, que se dedique a la repostería. El problema no es lo que se dijo, sino desde dónde se dijo. Ese gigante que llamamos Estado no cayó del cielo: nació de un pacto. Los ciudadanos entregamos una parte de nuestra libertad —y toda nuestra lana en impuestos— a cambio de que el poder nos proteja y nos trate a todos por igual. Cuando quien administra ese poder lo usa como porra de su tribu política, el pacto se rompe. Y cuando el pacto se rompe, no queda Estado: queda la selva, donde cada quien pelea contra cada quien y gana el que carga el garrote más grande. Y el garrote, en este caso, se llama presupuesto público. Un árbitro que se mete a cabecear al área ya no es árbitro: es un jugador tramposo con silbato.Las preguntas obligadas. ¿Con qué autorización se convirtió una conferencia institucional en mitin? ¿Cuánto costó al erario esa transmisión? ¿Alguien en el gobierno estatal va a deslindarse, o el silencio será la confirmación? ¿Y el órgano electoral, va a revisar o va a voltear para otro lado, como es su bonita costumbre?Un ciudadano puede opinar lo que quiera. Un dirigente partidista, también. Pero un servidor público tiene límites que el resto no tiene, precisamente porque manda sobre lo que es de todos. Cuando el soberano se vuelve porrista, el ciudadano deja de recibir información y empieza a recibir propaganda pagada con sus propios impuestos.Ahí se los dejo, matachines. El poder que se disfraza de vocero no informa: adoctrina.Informó Chema Méndez, para Objetivo AM 1370 y Peligrosa Radio 1370 AM.


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