ALFONSO SÁNCHEZ GARCIA, EL MÁS DENUNCIADO ANTE EL ITE: SU NOMBRE APARECE EN 74 ASUNTOS
- Redaccion peligrosa

- hace 2 días
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Aquí estamos nuevamente en Matachines del Poder, ahí donde la realidad tlaxcalteca supera cualquier drama producido por televisión. Y es que señores, cuando creías que ya habías visto de todo en esta entidad, aparece un nuevo capítulo que parece sacado directamente del libreto de una telenovela de las ocho: funcionarios denunciados, bardas sorpresa y una sucesión gubernamental que parece más una guerra de chismes en el mercado que un proceso democrático. Empecemos con nuestro protagonista de la semana: el presidente municipal de Tlaxcala, Alfonso Sánchez García, quien acumula —por si solo o acompañado— setenta y cuatro denuncias ante el Instituto Tlaxcalteca de Elecciones. Setenta y cuatro. Eso, mis queridos oyentes, no es un record de gestión, es un expediente que cualquier abogado competente estaría liquidando mientras duerme. Pero vean que chulo: apenas ha concluido una. Una de ciento veinte que hay en total en el ITE. Así que mientras el reloj marca tiempo, los buenos servidores públicos tlaxcaltecas aparentemente siguen haciendo actos anticipados de precampaña, promoción personalizada y gastando recursos públicos como si fueran sus propias alcancías. Ahora bien, es aquí donde la cosa se pone jugosa. Porque resulta que en esta novela de intriga política, alguien está sorprendido de que un presidente municipal acumule tantas quejas. ¿Sorprendido? Claro que sorprendido. Cuando todo el circo funciona así, la sorpresa no es que existan las denuncias, sino que alguien se atreva a contarlas. Porque vean ustedes: ciento diez denuncias de ciudadanos, señores. Ciento diez. Gente de a pie que dice: "Oye, algo no huele bien aquí". Y apenas diez de partidos políticos. Diez. Eso quiere decir que nuestros partidos políticos están ocupados viendo para otro lado mientras la ciudadanía llena de papeles las oficinas del ITE. La pregunta que se hace necesaria es: ¿A quién le importa? Porque aquí, en el estado de Tlaxcala, parece que estamos viviendo en un mundo donde el orden debería imponerlo gente que no tiene ni la menor idea de cómo ponerlo. Funcionarios que andan más perdidos que un boleto de lotería de hace seis meses, titiriteados por fuerzas que responden a intereses que nada tienen que ver con Tlaxcala. Y mientras tanto, nuestros supuestos guardianes del orden, esos que deberían estar velando por la equidad, la neutralidad y la imparcialidad del proceso electoral —como dice la ley, vaya— parecen estar más ocupados en otras cosas. Porque miren que interesante: en toda esta sopa de denuncias aparecen nombres como Homero Meneses, José Alonso Trujillo, Marcela González, Aurora Villeda, un secretario de Impulso Agropecuario, diputados locales, presidentes municipales. Es como ver el elenco completo de una serie donde todos actúan, pero nadie sabe cuál es la trama. Ahí viene la cereza del pastel: alguien decidió que era buen momento para pintar bardas. Bardas, señores. Con colores que todos reconocemos, con nombres que todos conocemos. Ana Lilia Rivera —aparentemente— despertó un martes y descubrió que estaba asociada a un partido que ella no patrocinó, en una desleal propaganda que alimenta versiones de guerra sucia dentro de la propia Morena. ¿A quién se le ocurre? A gente que juega por fuera de la cancha mientras el árbitro —el ITE— observa cómo desde la tribuna le llueven expedientes sin saber ni por dónde empezar a resolverlos. Porque ahí está lo verdaderamente cómico de todo esto: tenemos ciento veinte expedientes abiertos, sesenta y cinco en "diligencias de investigación", diecinueve desechados, y el proceso electoral de 2027 ya está aquí, tocando la puerta. Y mientras tanto, los supuestos guardianes del orden parecen viejas gordas peleando por el mismo espacio en el mercadito, sin saber qué hacer, sin rumbo, sin brújula. En conclusión, en Tlaxcala no tenemos un problema de orden. Tenemos un problema de desorden orga



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