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111 MILLONES PARA FOLLETOS... Y NI VEINTE MINUTOS PARA EL ARTESANO"Buenas noches, mi Tlaxcala querida.


Aquí su cronista de la nota roja del poder, mitad Brozo, mitad Loret, toda malicia. Hoy toca capítulo de telenovela vespertina: "El Secretario y las Luciérnagas", protagonizada por Fabricio Mena Rodríguez, el señor de las cifras alegres y los artesanos invisibles.

Resulta, mis amores, que en el Mercado de Artesanías de Tlaxcala Capital —ese que construyeron a espaldas del Ayuntamiento, en pleno trienio pasado, corriendo a los artesanos de la Plaza Xicohténcatl como quien barre confeti después de la fiesta— hoy hay treinta locales con talavera, textiles, barro y totomoxtle... y las bancas más solas que templo un martes. Doña Araceli Cuéllar, presidenta del comité, lo dijo sin telenovela ni maquillaje: preguntan cuánto vendieron ayer y "les va a salir una lágrima". Así de crudo. Así de real.

¿Y el secretario? Bien, gracias. Mientras los artesanos ruegan que un tranvía los baje veinte minutitos —"estamos a una calle", dice ella, como quien pide limosna de su propia casa— la Secretaría de Turismo anda de gira por Acapulco, por Guerrero, por el Tianguis Turístico, cosechando preseas, medallitas y aplausos. Mil ciento cincuenta y siete citas de negocios, presume el funcionario. Mil ciento cincuenta y siete, mis amores, y ni una para el señor que talla la talavera a mano en su changarrito de la Capital.

Y hablemos de billete, que aquí en Matachines no venimos a hablar de flores. La Secretaría de Turismo federal acaba de soltar una ampliación de ciento once punto dos millones de pesos para promoción turística, con Tlaxcala de invitada de piedra en la foto junto a la gobernadora. Ciento once millones, señoras y señores, para folletos, banderines y viajes... y el changarro del Mercado de Artesanías sigue esperando que alguien, cualquiera, le baje veinte minutos de clientela.

La pregunta que nadie hace en las ruedas de prensa, y que aquí sí hacemos porque para eso nos pagan el hígado: ¿cuánto gana el secretario Fabricio Mena Rodríguez? ¿Cuál es el presupuesto operativo completo de su Secretaría, línea por línea, viático por viático? Porque de las citas de negocios y las medallas de Reader's Digest ya nos enteramos hasta el cansancio; de la nómina, del gasto de representación, de los viáticos de la comitiva a Acapulco... silencio de campana rota.

Y es que aquí, mis amores, aplica la vieja ley que ya sabían los sabios sin necesidad de nombrarlos: en el estado de naturaleza del presupuesto público, cada quien agarra lo que puede antes de que llegue el sereno. El pacto que firmamos los ciudadanos con nuestro soberano —ese señor que llamamos gobierno— era simple: tú administras, nosotros comemos. Pero cuando el pacto se rompe, cuando el lobo deja de cuidar el rebaño y empieza a contar sus propias ovejas, ahí es cuando el artesano llora en su changarro y el funcionario sonríe en la foto oficial.

No decimos que haya corrupción, mis amores, que aquí somos serios. Decimos que hay preguntas. Y las preguntas, en Tlaxcala, a veces valen más que las respuestas, porque las respuestas nunca llegan.

Mientras tanto, el Mercado de Artesanías sigue ahí, a una calle del primer cuadro, esperando que algún tranvía se acuerde de que existe. Y el secretario, pues él, muy campante, entre Tianguis y Diálogos Circulares, subiendo cifras de turismo como si fueran ratings de novela de las nueve.

Así que ya saben, gobernadora, secretario, quien tenga oídos: el pueblo no pide limosna, pide veinte minutos de tranvía y una rendición de cuentas clara. Lo demás, como en las mejores telenovelas, se resuelve en el últi

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