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LOS MATACHINES DEL PODER

10 sept
3 min de lectura

LOS MATACHINES DEL PODER

El baile de los 214 millones

¡Acomódense, señoras y señores, porque ya comenzó el carnaval de los millones!

En Tlaxcala hay obras que caminan, otras que avanzan… y unas cuantas que parecen bailar al ritmo de la política.

Y en esta ocasión el espectáculo tiene nombre, apellido y presupuesto: Constructora Gervisur.

Resulta que el Gobierno de Tlaxcala otorgó a esta empresa un contrato por 214 millones 297 mil 171 pesos con 49 centavos para la primera etapa de infraestructura del Polo de Desarrollo Económico para el Bienestar de Huamantla.

¡Doscientos catorce millones!

Eso ya no es presupuesto.

Eso es una declaración de amor con cargo al erario.

El contrato fue firmado el 10 de febrero de 2026 y contempló urbanización, plataformas, carriles de aceleración y desaceleración, además de la cimentación y estructura de un edificio administrativo.

Hasta aquí, queridos contribuyentes, todo parece normal.

El problema empieza cuando uno pregunta:

¿Y quién es Gervisur?

Porque esta empresa chiapaneca ya había aparecido en publicaciones de periodistas especializados en negocios y obra pública.

Darío Celis la ubicó entre contratistas que participaron en proyectos vinculados con el Tren Maya y posteriormente escribió sobre contratos obtenidos por la compañía.

Mario Maldonado también la mencionó en una investigación publicada en El Universal, dentro de un consorcio empresarial sobre el que señaló la existencia de cuestionamientos y señalamientos de irregularidades.

Repito para los abogados del poder:

señalamientos periodísticos, no sentencias.

Pero tampoco estamos hablando de una empresa que acabamos de descubrir ayer en la sección amarilla.

Y aquí aparece la parte verdaderamente deliciosa de esta historia.

Porque el contrato de Huamantla fue por más de 214 millones.

Y además hubo un anticipo de 64 millones 289 mil 151 pesos con 54 centavos.

¡Sesenta y cuatro millones de anticipo!

A mí me dan 64 millones y hasta me pongo nervioso cuando voy a comprar un café.

Pero aquí no.

Aquí hay que confiar.

Porque cuando el dinero es público, parece que la confianza se vuelve requisito administrativo.

La empresa tenía 180 días naturales para ejecutar los trabajos.

Inicio: 11 de febrero.

Conclusión: 9 de agosto.

Y aquí es donde el matachín levanta el sombrero y pregunta:

¿Ya quedó?

¿Está terminada la obra?

¿Coinciden los avances físicos con los pagos?

¿Hubo convenios modificatorios?

¿Hubo ampliaciones?

¿Hubo ajustes?

¿Quién revisó las estimaciones?

¿Quién vigiló el anticipo?

¿Y cuánto de todo ese dinero terminó convertido en infraestructura visible para los ciudadanos?

Porque una cosa es inaugurar un Polo de Desarrollo con discursos, fotografías y aplausos…

y otra muy distinta es que el ciudadano pueda caminar por ahí y decir:

“Ahí están mis impuestos”.

Y qué curioso: el 12 de abril, la presidenta Claudia Sheinbaum acudió a inaugurar el polo fabril acompañada por la gobernadora Lorena Cuéllar.

¡Qué bonito!

Cintas, cámaras, funcionarios, discursos y desarrollo económico.

Mientras tanto, en algún lugar de Tlaxcala, seguramente una calculadora pública está sudando frío.

Porque cuando aparecen contratos de cientos de millones, la ciudadanía tiene derecho a preguntar.

No se trata de decir que alguien robó.

No.

Eso le corresponde demostrarlo a las autoridades competentes.

Se trata de algo mucho más sencillo:

¿Dónde está cada peso y dónde está cada obra?

Porque si todo está en orden, que se demuestre.

Y si existen dudas, que se investiguen.

Eso se llama transparencia.

Lo demás es política de humo.

Y en Tlaxcala ya conocemos demasiado bien esa receta:

mucho anuncio, mucha fotografía, mucho discurso…

y después, cuando llega la hora de revisar los números, todos se ponen a bailar.

Así que aquí dejamos la música puesta.

Que entren los matachines.

Que suenen los tambores.

Que giren las capas.

Porque en el gran carnaval de la obra pública hay una pregunta que no se puede esconder debajo del sombrero:

¿214 millones de pesos por una obra… y quién está vigilando que la fiesta no termine convertida en borrachera presupuestal?

Aquí no acusamos.

Aquí preguntamos.

Y cuando se trata de dinero público…

preguntar también es hacer periodismo.

Informó Chema Méndez para Objetivo AM 1370 y Peligrosa Radio 1370AM.

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